
Amenazados por el sufrimiento, amenazados por el dolor, amenazados por el aumento de las enfermedades y las epidemias; amenazados por la aparición de nuevas enfermedades víricas, amenazados por las catástrofes naturales, el cambio climático, los agujeros en la capa de ozono.... Los países y estados viven amenazados por otros países o estados, amenazados por la escasez y la contaminación del agua y de los alimentos. Amenazados por el terrorismo, por la violencia y la guerra, amenazados por las armas de destrucción masiva o biológicas ; amenazados por el peligro radiactivo y la energía nuclear; amenazados por la situación laboral, amenazados por hacienda…etc, etc.
Luego hay determinadas profesiones y profesionales que se encargan específicamente de las amenazas y de que nos sintamos amenazados: abogados, médicos, jueces, psicólogos, políticos, fuerzas de seguridad del estado, la religión, economistas, científicos,...
Y luego evidentemente, dependiendo de qué profesión o que trabajo tengamos, o en que situación estemos cada uno, para que nos sintamos o estemos más amenazados que otros. Todo alrededor parece ser y se vive como una amenaza constante.
Por supuesto, luego esos sistemas de poder buscan convencernos con su propaganda de que son avisos para prevenir riesgos…¡¡ que no son amenazas, es prevención!!!.
Consecuentemente lo que va a desencadenar tantos “avisos preventivos” es una respuesta de miedo, de rencor, de odio, de violencia…porque la amenaza va a generar miedo. El miedo, obviamente va a generar odio y rencor, u otra respuesta también de amenaza. Como consecuencia de ello – ya lo hemos comentado en las exposiciones del miedo- va a generar unas relaciones miedosas, temerosas y desconfiadas, con un nivel de inquietud que siempre va a dar un cierto nivel de violencia, un cierto nivel de tristeza, depresión estrés, angustia, ansiedad, dolor, sufrimiento, enfermedad…
Pero, si nos damos cuenta de que han sido esa serie de amenazas -a las que estamos sometidos cada día-, las que han ido creciendo dentro de cada uno... hasta convertirnos en lo que somos hoy; seres amenazados y a la vez – como mecanismo de respuesta- seres amenazantes que vamos también por nuestra cuenta generando amenazas, rencores, odios, venganzas…

Cada vez que pensamos, sentimos y hacemos en un sentido posesivo, envidioso o egoísta, vamos a poder sentir el sabor de la amenaza…y la respuesta siempre va a ser de miedo, violencia, obsesión….etc, porque nos va a generar a nosotros mismos a la vez que vamos a generar a otro…rencores, venganzas, odios, revanchas…
Tenemos que mirar y descubrir en cada uno, las cosas que diariamente sentimos como amenazas, porque esas cosas que vivimos como amenazas, inciden en nuestra vida y la bloquea, inmoviliza, estanca, aísla... impidiendo que no seamos quien debemos de ser y dificultando que demos una respuesta adecuada a la situación que se esté dando.

No ser una amenaza en las relaciones interhumanas, con los hijos, con las mujeres, con los amigos, con los compañeros en el trabajo... con las situaciones más sencillas del día a día. Y cada vez que nos sintamos amenazados... si no son lo que otros -que amenazan- quieren, entonces la amenaza pierde presión, pierde fuerza, pierde vigor y a nosotros nos va a ir llevando hacia el descubrimiento y desarrollo de la DIGNIDAD, un atributo, una virtud que el ser humano está perdiendo, que está en peligro de extinción…por un virus que nos está devorando y que se llama vulgaridad.
Si el ser se ve libre de sus propias amenazas y deja de amenazar a la vez, probablemente nos demos cuenta del beneficio personal que podemos recoger y el beneficio y ayuda que podemos ser hacia los demás.
La vida no es una amenaza, es un camino para hacerlo con dignidad y la amenaza nos aparta del camino.
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